martes, 11 de agosto de 2009

Elementos para una estrategia de desarrollo

Listín Diario, Martes 11 de Agosto del 2009


Elementos para una estrategia de desarrollo

Julio Ortega Tous

URL:
http://listindiario.com.do/app/article.aspx?id=111094


El Presidente de la República ha solicitado una estrategia nacional de desarrollo. Para ello ha instruido a la Secretaría de Estado de Economía, Planificación y Desarrollo que encabeza Juan Temístocles Montás. En el Consejo de Gobierno del pasado 5 de agosto, realizado en Hato Mayor se hizo el anuncio. La pregunta pertinente sería ¿es posible definir una estrategia de desarrollo por ley? ¿Cuáles son los elementos centrales y cuales los que hay que superar? ¿Cuál papel debe jugar el Estado y el sector privado en el nuevo paradigma?

La crisis económica y financiera mundial que se desató en los Estados Unidos y contagió a todo el mundo, ha puesto en tela de juicio los paradigmas anteriores. ¿Cuáles fueron esos paradigmas? Desde fines de los años 1970 se impuso en las economías capitalistas avanzadas, primero en Gran Bretaña con el gobierno de Margaret Thatcher y luego en Estados Unidos con el de Ronald Reagan- un nueva versión de viejo liberalismo económico, que proponía que el Estado debía retirarse al máximo posible de la actividad económica y dejar que las “fuerzas del mercado” regularen los movimientos económicos. Ese “fundamentalismo de mercado” se esparció por todo el mundo a través de las correas de transmisión de los bancos multilaterales ñcon el Banco Mundial a la cabeza y los bancos regionales detrás- y el Fondo Monetario Internacional.

En los mercados desarrollados estas políticas conllevaron a sucesivas olas de desregulación de los mercados financieros, pero también de privatización de muchos servicios, como la electricidad, el agua, los servicios postales, las empresas estatales como aerolíneas, empresas siderurgias, minas, y muchas otras más. Ciertamente que el “gigantismo estatista” del período anterior de predominio de la socialdemocracia había anquilosado los mercados de esos países y los mercados laborales. Sin embargo, el “fundamentalismo de mercado” fue llevado a un extremo que hasta servicios como la educación en Gran Bretaña y el agua, fueron privatizados.

En América Latina comenzaron estos nuevos modelos económicos en el Cono Sur, en Chile y en Argentina. Con mayor éxito en el primero, a pesar que los años 1980 fueron de grandes fracasos económicos en Chile y los años 1990 de grandes privatizaciones en ambos países, también se impuso el nuevo “neoliberalismo” y la retirada del Estado en toda la región desde fines de los años 80 y principios de los 90. La mas clara demostración fue el llamado “Consenso de Washington”. Desde México con Salinas de Gortari, Menem en Argentina, Collor de Melho en Brasil, Carlos Andrés Pérez en Venezuela en su segundo mandato, en Bolivia, y en todos los demás países de una forma u otra se fue imponiendo ese fundamentalismo neoliberal que hacia del mercado el mago que lo resolvería todo.

En nuestro país se impuso un esquema ecléctico. Con un Balaguer pragmático, pero con ideas muy arraigadas en el neotrujillismo y cepalismo de los años 50 y 60 que le caracterizó, prefirió que las empresas del Estado sucumbieran por “inanición” a privatizarlas. Así sucedió con el emporio de CORDE, con Dominicana de Aviación, con la Fabrica Dominicana de Cemento, la Compañía de Seguros “San Rafael”, la Fábrica de Papeles, la Armería de San Cristóbal y demás empresas. Igual política de dejar languidecer las empresas del Estado a aceptar privatizarlas adoptó Balaguer con el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y con la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE). En el caso de la CDE fue el más dramático, ya que es un servicio público esencial que fue cayendo en un colapso total, sin inversiones ni atención por parte del gobierno. Fue una “privatización salvaje” dejando destruir el patrimonio público.

Concomitantemente, se fue imponiendo un modelo económico basado en servicios, más por políticas externas, como fue el caso de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe del Presidente Reagan para contrarrestar los efectos de la revolución sandinista en Nicaragua, que dio un enorme impulso a las exportaciones de ensamblaje industrial de las zonas francas de exportación y la promoción de la emigración masiva luego de la guerra civil de 1965, que hizo de las remesas de los emigrantes una fuente central del “nuevo paradigma económico”. El tercer componente fue el turismo. Primero con la ley de incentivo fiscal a la inversión turística 173, y con fondos especializados para desarrollar polos turísticos, como el conocido INFRATUR que operó en el Banco Central. El “modelo” anterior de exportaciones agrícolas y mineras, llamado primario exportador de azúcar, café, cacao, tabaco, ferroníquel, bauxita y doré, se abrió paso al nuevo modelo basado en exportaciones de zonas francas industriales, turismo y remesas de emigrantes.

Se llegó a un abandono de los sectores tradicionales que la agricultura fue cayendo paulatinamente en su participación en el PIB, y en particular en las exportaciones. La agricultura, la pecuaria y la industria para el mercado interno quedaron rezagadas a las nuevas tendencias y se creó una economía “dual”. Con importancia en el empleo, pero no en el PIB, los sectores productivos han ido perdiendo terreno paulatinamente. Las políticas multilaterales han contribuido a esto. Recuerdo perfectamente a los representantes del BID decir que prestar para el Banco Agrícola o para el sector agropecuario, era “distorsionar los mercados” con intervenciones del Estado. Por ello no se encuentra desde hace años asistencia de los bancos multilaterales ni a la agricultura, ni a la industria interna, ni al sector minero. Todos los recursos fueron dirigidos a privatizar, a implantar “políticas de mercado” y dejar que los sectores tradicionales murieran lentamente. Hoy esas políticas se han demostrado desastrosas.

El Estado tiene que tener un rol mas activo. En los mercados pero también en la provisión de ciertos servicios, como agua, infraestructura, electricidad, servicios financieros para el desarrollo, salud, educación, justicia, seguridad, entre otros. Ese papel del Estado y el fortalecimiento de la producción para el mercado interno es lo que creemos debe primar en la “nueva estrategia” que proponga la Secretaria de Estado de Economía, sin dejar abandonados los sectores punta, como turismo, zonas francas y exportaciones. Técnicos calificados existen, pero lo mas importante es definir roles específicos para el Estado y para el sector privado. Creación de instrumentos fundamentales como son los bancos de desarrollo y los instrumentos de apoyo a la producción. Por ahí deben venir los tiros. Esperemos.

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